Digresiones 3.0 | @Joansinmiedo

El futuro se construye con pequeños ladrillos de ilusión

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El mundo sensible y el mundo de las Ideas

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Rescato un post que escribí hace unos meses y que no llegué a publicar en este blog:

Hoy escribo sobre algo sobre lo que he pensado muchas veces en escribir. Estoy pasando en Extremadura esta época del año conocida como Semana Santa. En ella, los católicos celebran la pasión, muerte y resurrección de su diox hecho hombre. Yo quiero hablar de la pasión particular que sufre un homosexual en un pueblo de 1000 habitantes en plena Extremadura, en el siglo XXI sí, pero en Extremadura…

Es un caso concreto, con nombres y apellidos, tiene 24 años, buen estudiante, educado, el hijo que cualquier madre desearía. Sin embargo es homosexual, sus amaneramientos le delatan. Lleva 24 años apolillado en el armario. Es lo que en este nuestro país se ha venido a llamar graciosamente, el marica del pueblo.

No tiene ni un amigo, sólo amigas, sus antiguos amigos heterosexuales hace mucho que le dieron de lado.

Una sola mirada a sus ojos te dice más que todo lo que pudiera contarte. Hoy precisamente coincidí con él en el gimnasio. Charlé con él un rato, somos vecinos de toda la vida, y me contaba que todo le iba bien, estaba estudiando, había encontrado un trabajo, etc. Pero su mirada lo delataba, no sé si sus amigas se habrán dado cuenta, pero esa mirada delataba furia contenida.

Por muy fuera de lugar que parezca la siguiente frase; es bastante probable que este chico no haya catado varón que dicen por estas tierras.

Es muy triste que por haber nacido donde ha nacido, rodeado de la gente que le ha rodeado, en el ambiente en que se ha criado, él no pueda tener una vida completa, conocer chicos, tontear, enamorarse, sufrir por amor…

Nadie elige donde nace, pero sí donde pace… a no ser que vivas en un ambiente tan opresor y cortante, con todo tan atado y tan bien atado, que no pienses siquiera que existe otro mundo.

Este tipo de situaciones, y ésta en concreto, me recuerdan al famoso mito de la caverna de Platón, en ella habitaban aquellos hombres que no conocían nada del mundo, sólo sus sombras, y creían así, que esas sombras eran lo único que existía.

¿Conseguirá él, como el prisionero de la caverna, librarse de sus ataduras, y salir a buscar el mundo real?

Escrito por Juan Pérez

21 noviembre 2009 a 15:32

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Una carta que me ha hecho llorar

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“En la Sierra de Gredos, hace mucho frío. Mi madre todavía recuerda los inviernos de su niñez alrededor del fuego y el frío mañanero con las agujas de hielo colgando del tejado de su casa del pueblo. A mi madre, su pueblo le trae recuerdos contradictorios: una infancia relativamente feliz, la muerte de un padre cuando tenía 8 años y sobre todo, mucha pobreza. Ella y mi abuela emigraron a una ciudad del norte a mediados de la década de los sesenta, como tantos y tantos otros españoles (extremeños, gallegos, andaluces, manchegos) que abandonaron su tierra, a su familia y amigos, para ganarse el pan en tierras donde se les daba la bienvenida como el ganado obrero que eran. En Alemania, en Suiza, en Francia, en Noruega, en el norte de España. La vida del emigrante se resumía en tres palabras: trabajar, trabajar y trabajar. A cambio, tenían que escuchar todo tipo de acusaciones: los inmigrantes son sucios (aunque el sucio y el guarro fuera el casero que tenía la desvergüenza de alquilar habitáculos a familias enteras en condiciones penosas); los inmigrantes son analfabetos; los inmigrantes no respetan nuestras costumbres; los inmigrantes “no se adaptan”. Una historia común a mucha gente. Mi abuela trabajó de cocinera, limpiadora, cuidando niños… Los pequeños ahorros familiares dieron a mi abuela su primer “lujo” en la vida: una lavadora que la liberaría de las tareas más pesadas de la casa, con dos hijos adultos que trabajaban de camioneros. Con el paso de los años, mi abuela pudo comprar un piso de 50 metros en el barrio más pobre de la ciudad a la que había emigrado, y poco antes de jubilarse volvió a su pueblo en la sierra para cuidar de su madre enferma y sus dos hermanos sordomudos.

Hace poco, mi pareja y yo visitamos a mi abuela, que resiste aferrada a la tierra que la vio crecer y que ahora la ve acercarse sin miedo al ocaso de su vida. Subimos con ella a los chozos, unas extrañas construcciones de piedra y piorno donde ella pasaba el verano con su familia, cuidando de los cultivos y las cabras que allí guardaban. A mí me gusta escuchar a mi abuela, sus historias sobre nuestra familia, los años de posguerra, la tristeza de la emigración subida en aquella camioneta donde llevaba un armario y una cabra, la vuelta a sus raíces. Mi abuela cuenta que la gente para la que trabajó nunca la trató mal, pero ella (y nosotros) siempre fuimos conscientes de las diferencias que había entre “ellos” (los que nunca habían tenido que dejar nada atrás, los que vivían permanentemente asentados porque la vida les había tratado mejor) y “nosotros” (los que sabíamos que no éramos del todo ni de aquí ni de allí, los que nos sentíamos parte de dos sitios y de ninguno a la vez). A mi abuela le parece “muy bien” que yo comparta mi vida con una mujer. “Así estás más acompañada, hija, y si ella te quiere….” me dice siempre. Y la última vez que la vi, me dijo que le parecería muy bien tener bisnietos… “aunque claro, hijas, ¿cómo lo vais a hacer? Porque digo yo que necesitaréis algo además del huevo… vamos, ¡a ver si me entiendes!” Y cuando a modo de chanza le preguntamos si ella se echaría novia, siempre nos responde lo mismo: “Ay hija, pues ¿sabes qué te digo? ¡¡Que más acompañada estaría que con un hombre!!” Yo he visto llorar a mi abuela cuando salen en el telediario noticias sobre los naufragios de pateras en el Estrecho. Me mira con un dolor inexplicable en el rostro y me dice “pobres gentes, hija, pobres gentes. Que no nos venga una guerra o una desgracia a nosotros como a ellos”. Y llora.

Ahora, el mismo discurso que se utilizó hace tantos años contra mi abuela y los míos se utiliza contra otras gentes de otras tierras que tampoco “se adaptan”, a los que también se considera “sucios”, “intolerantes” y “analfabetos”. Y algunos LGBT, muchos de ellos con educación universitaria y urbanitas moderno, se apuntan al carro. Pues dejadme deciros una cosa: os creeréis más modernos, progres, urbanitas y liberados que nadie. Pensaréis que podéis despreciar a quien ha tenido la desgracia de tener que abandonar su tierra y dejar atrás a su familia y amigos para poder ganarse el pan. Y lo haréis pontificando desde allá arriba sobre la supuesta superioridad de una civilización sobre otra, o utilizando cualquier otro argumento ya manido y utilizado hasta la saciedad por otros que vinieron antes que vosotros. Equiparáis pobreza y emigración con homofobia como quien no quiere la cosa, y no os dais cuenta de que al hacerlo, insultáis a miles y miles de españoles cuyos padres y abuelos también tuvieron en algún momento que enfrentarse a otros como vosotros. Mi abuela tiene casi 84 años. No es moderna, ni es una mujer educada, y tampoco ha leído a los clásicos. Probablemente, no entendería ni la mitad de las conversaciones que se tratan en Dos Manzanas. Pero me quiere y me acepta tal como soy. Y dejadme que os diga que más allá de cualquier discurso grandilocuente o pronunciamiento teórico contra la homofobia, no hay mejor lección de amor, aceptación y dignidad que la que esa mujer, ochentona, emigrante castellana y campesina, me ha transmitido en este tramo final de su vida.”

Ave
(Visto en www.dosmanzanas.com)

Escrito por Juan Pérez

15 noviembre 2009 a 22:39

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Tarde de otoño

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Los años pasan y todo va a peor. Los meses pasan y nada mejora. La vida pasa y sólo queda la muerte.

Escrito por Juan Pérez

24 octubre 2009 a 15:51

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Rima VII

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Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!
Rimas y Leyendas (Gustavo Adolfo Bécquer)

Escrito por Juan Pérez

22 octubre 2009 a 0:06

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Conjuro

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Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Te Quiero (Mario Benedetti)

Escrito por Juan Pérez

13 octubre 2009 a 1:57

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Puedes

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Dicen que cuando quieres a alguien tienes que buscar el momento adecuado y decírselo, dar la cara. Y una vez que das la cara puede cambiar vuestro mundo, o no. Puedes seguir amándolo, sufriendo tu amargura en silencio, clamando ahogadamente su atención y conseguir que su mirada te horade, o no. Puedes ser su mejor apoyo, ofrecerle todo de ti, dar hasta el alma y conseguir el calor de su compañía, o no.

Puedes, en fin, quemarte por dentro, llorar por las noches, amar en soledad, gritarlo a los cuatro vientos y escribirlo en el mismisimo firmamento. Puedes agotar todo tu amor, porque sabes que te va la vida en ello, porque sabes que la vida te ha dado una oportunidad, la mejor del mundo, amar a otro ser humano, con el que irías hasta el fin del mundo, por el que matarías, por el que venderías tu alma al mismo Diablo.

Puedes darlo todo, con la persona correcta, en el peor de los momentos.

Escrito por Juan Pérez

2 octubre 2009 a 23:12

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Quisiera

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Quisiera decirte lo que siento pero sé que no debo; quisiera pedirte que me ames pero sé que no puedo; quisiera tenerte más; quisiera quererte menos

Escrito por Juan Pérez

27 septiembre 2009 a 19:40

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