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La Monarquía se posiciona en el debate político: Juan Carlos es un pro-torturas
En octubre de 2008 la reina Sofía, la del Club Bilderberg, atacaba a parte de los ciudadanos españoles negándoles que su unión pudiera llamarse matrimonio y posicionándose por tanto en contra de la Ley 13/2005 aprobada por las Cortes Generales del Estado, ésas que se eligen democráticamente, no como sucede con lo de su marido.
En su momento hubo quien la defendió argumentando que ella no es Jefe de Estado y que por tanto su figura escapa al mandato constitucional de neutralidad política. Argumento absurdo a todas luces, pero en fin, estamos en España.
Ahora ha sido el Jefe (no electo) del Estado el que en medio del debate político en el Parlament de Catalunya sobre la abolición de la tortura y sacrificio de los toros se ha posicionado públicamente en una de las opciones. Ha declarado que apoya la “fiesta nacional”, pseudónimo con el que la caspa de este país llama a la tortura taurina. El Borbón ha acudido a la ceremonia de entrega de los Premios Universitarios y Trofeos Taurinos 2009.
Es la segunda vez en 35 años que acude a este evento. Qué casualidad, ¿no les parece?. Al menos, y ya que a los españoles se nos niega el derecho a elegir a nuestro Jefe de Estado, que éste se mantenga neutral y al margen de los debates políticos.
Pacta sunt servanda: Ahora sí que se puede romper España
“Después de casi tres años de lenta deliberación y de continuos escarceos tácticos que han dañado su cohesión y han erosionado su prestigio, el Tribunal Constitucional puede estar a punto de emitir sentencia sobre el Estatut de Catalunya, promulgado el 20 de julio del 2006 por el jefe del Estado, rey Juan Carlos, con el siguiente encabezamiento: “Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado, los ciudadanos de Catalunya han ratificado en referéndum y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica”. Será la primera vez desde la restauración democrática de 1977 que el Alto Tribunal se pronuncia sobre una ley fundamental refrendada por los electores.
La expectación es alta. La expectación es alta y la inquietud no es escasa ante la evidencia de que el Tribunal Constitucional ha sido empujado por los acontecimientos a actuar como una cuarta cámara, confrontada con el Parlament de Catalunya, las Cortes Generales y la voluntad ciudadana libremente expresada en las urnas. Repetimos, se trata de una situación inédita en democracia. Hay, sin embargo, más motivos de preocupación. De los doce magistrados que componen el tribunal, sólo diez podrán emitir sentencia, ya que uno de ellos (Pablo Pérez Tremps) se halla recusado tras una espesa maniobra claramente orientada a modificar los equilibrios del debate, y otro (Roberto García-Calvo) ha fallecido.
De los diez jueces con derecho a voto, cuatro siguen en el cargo después del vencimiento de su mandato, como consecuencia del sórdido desacuerdo entre el Gobierno y la oposición sobre la renovación de un organismo definido recientemente por José Luis Rodríguez Zapatero como el “corazón de la democracia”. Un corazón con las válvulas obturadas, ya que sólo la mitad de sus integrantes se hallan hoy libres de percance o de prórroga. Esta es la corte de casación que está a punto de decidir sobre el Estatut de Catalunya. Por respeto al tribunal –un respeto sin duda superior al que en diversas ocasiones este se ha mostrado a sí mismo– no haremos mayor alusión a las causas del retraso en la sentencia.
La definición de Catalunya como nación en el preámbulo del Estatut, con la consiguiente emanación de “símbolos nacionales” (¿acaso no reconoce la Constitución, en su artículo 2, una España integrada por regiones y nacionalidades?); el derecho y el deber de conocer la lengua catalana; la articulación del Poder Judicial en Catalunya, y las relaciones entre el Estado y la Generalitat son, entre otros, los puntos de fricción más evidentes del debate, a tenor de las versiones del mismo, toda vez que una parte significativa del tribunal parece estar optando por posiciones irreductibles. Hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro que cercenen de raíz la complejidad española. Esta podría ser, lamentablemente, la piedra de toque de la sentencia.
No nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una España plural, o el bloqueo de esta. No sólo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. Hay motivos serios para la preocupación, ya que podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut en un verdadero cerrojazo institucional. Un enroque contrario a la virtud máxima de la Constitución, que no es otra que su carácter abierto e integrador.
El Tribunal Constitucional, por consiguiente, no va a decidir únicamente sobre el pleito interpuesto por el Partido Popular contra una ley orgánica del Estado (un PP que ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras). El Alto Tribunal va a decidir sobre la dimensión real del marco de convivencia español, es decir, sobre el más importante legado que los ciudadanos que vivieron y protagonizaron el cambio de régimen a finales de los años setenta transmitirán a las jóvenes generaciones, educadas en libertad, plenamente insertas en la compleja supranacionalidad europea y confrontadas a los retos de una globalización que relativiza las costuras más rígidas del viejo Estado nación. Están en juego los pactos profundos que han hecho posible los treinta años más virtuosos de la historia de España. Y llegados a este punto es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga.
Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad. Los catalanes pagan sus impuestos (sin privilegio foral); contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre; afrontan la internacionalización económica sin los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado; hablan una lengua con mayor fuelle demográfico que el de varios idiomas oficiales en la Unión Europea, una lengua que en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio por parte del españolismo oficial, y acatan las leyes, por supuesto, sin renunciar a su pacífica y probada capacidad de aguante cívico. Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa.
Estamos en vísperas de una resolución muy importante. Esperamos que el Tribunal Constitucional decida atendiendo a las circunstancias específicas del asunto que tiene entre manos –que no es otro que la demanda de mejora del autogobierno de un viejo pueblo europeo–, recordando que no existe la justicia absoluta sino sólo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia. Volvemos a recordarlo: el Estatut es fruto de un doble pacto político sometido a referéndum.
Que nadie se confunda, ni malinterprete las inevitables contradicciones de la Catalunya actual. Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y los sinsabores. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Catalunya pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.”
‘La dignidad de Catalunya’. Editorial conjunta de La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Avui, El Punt, Segre, Diari de Tarragona, La Mañana, Diari de Girona, Regió 7, El Nou 9, Diari de Sabadell y Diari de Terrassa, TV3, tres emisoras de radio y que cuenta con el apoyo de los principales partidos políticos de Catalunya.
Ciutadans de Catalunya, el vostre vot no val
Resultado del referéndum sobre el Estatut de Catlaunya
Partamos de la base de que la Constitución Española de 1978 no es inamovible, ni sagrada, ni intocable.
Partamos de la base de que el Tribunal Constitucional está formado por unos señores y señoras que pueden equivocarse y prevaricar como cualquier otra persona y de que, además, su mandato está agotado.
Bien, pues si partimos de esto estaremos de acuerdo en que el TC, cuyos miembros están de interinos en su mayoría, no tiene ninguna legitimidad actualmente para modificar un Estatuto de Autonomía refrendado por los ciudadanos de Catalunya.Y lo repito, la clave es que ya ha sido refrendado por los ciudadanos de Catalunya.
¿Qué deberían haberse pronunciado antes? Evidentemente, pero si los ciudadanos de Catalunya han hablado, no hay más que hablar.
Y habrá quien diga que sí porque la Constitución así lo dice, pero vamos, que la Constitución necesita una reforma de forma urgente no lo niega ya nadie con dos dedos de frente.
…[que] la primera votación informal del TC sobre el Estatuto evidenciara la semana pasada que hay una mayoría contraria a los grandes principios políticos del texto: la definición de Cataluña como “nación”, la apelación a los “derechos históricos” y la equiparación del catalán y el castellano. [...]
- ¿Es Catalunya una nación dentro del Estado Español?
Mi opinión es que, si los ciudadanos de Catalunya, en referéndum, han aprobado que el preámbulo de su Estatuto defina a Catalunya como nación, pues será que se consideran una nación. Y si un pueblo se considera nación será que lo es. Los sentimientos es lo que tienen, que son muy de cada uno.
- ¿Tienen los territorios derechos históricos?
Mi opinión es que no. Creo que el único derecho reconocido que tiene un territorio es el Derecho de Autodeterminación, y sólo bajo determinadas circunstancias.
Los territorios no tienen derechos, los derechos los tienen las personas. De ahí que me parezca una barrabasada el chollo que tienen Navarra y Euskadi, con sus cupos, amejoramientos y otros privilegios, y nadie dice nada.
¡Ah!, el hecho de que estos privilegios estén en la Constitución me la trae muy fresca.
- ¿Debe equipararse el castellano y el catalán?
Mi opinión es que sí, pero no porque el catalán deba tener los mismos derechos que el castellano. Las lenguas no tienen derechos, los derechos los tienen los ciudadanos.
Ahora bien, a fin de garantizar el derecho y el deber de los catalanes a conocer su dos lenguas, castellano y catalán, estas lenguas tienen que ser promocionadas, enseñadas y protegidas de forma adecuada. Y por supuesto, en plano de absoluta igualdad.
Así se actúa frente a la corrupción
Declaración del Partit dels Socialistes de Catalunya/Partido de los Socialistas de Cataluña
La preservación de la dignidad, la transparencia y la imagen de honestidad de las instituciones es para los Socialistas de Catalunya una prioridad absoluta, recogida en nuestros Estatutos y en nuestro Código Ético.
Por tanto, y sin prejuzgar en absoluto qué responsabilidades personales y penales puedan derivarse, si la autoridad judicial tomase medidas que afectasen a los cargos electos que han sido llamados a declarar, tomaremos las siguientes decisiones:
1. Pedir la renuncia como concejal y suspender de militancia a los cargos electos objeto de la actuación judicial.
2. Proponer al Pleno del Ayuntamiento la elección inmediata de un nuevo Alcalde.
3. La Comisión Ejecutiva del PSC se propone nombrar sendas Comisiones Gestoras en la Agrupación de Santa Coloma de Gramenet y en la Federación del Barcelonès Nord. Mientras no se hayan constituido estos organismos, las actuales funciones de las Comisiones Ejecutivas de la Agrupación y la Federación antes mencionadas, quedan suspendidas y serán temporalmente ejercidas por la Secretaría de Organización del PSC.
4. Pedir a todos los cargos electos socialistas y a todos los militantes la máxima colaboración con la Justicia en su tarea para esclarecer unos hechos que, de confirmarse, serían de una gravedad extrema y manifestamente incompatibles con la pertenencia al PSC.
Si los reyes de España supieran lo poco que van a durar…
1º Ciertamente es vergonzoso que se pitara el himno, pero no es vergonzoso por el hecho de ser el himno de España, sino porque es una falta de respeto hacia el colectivo de los que se sienten españoles.
2º El que quiera sentirse español, que lo sienta; pero en éste Estado, España, existe libertad para que cada uno se sienta cómo le dé la gana: español, español y vasco, sólo vasco, catalán, catalán y español, sólo catalán, etc, etc, etc.
3º Me gustaría saber si a los que creen que este hecho es reprobable, les parecería igual de reprobable y vergonzoso que las pitadas las hubiera sufrido el himno de Catalunya (Els segadors) o el himno de Euskadi (Euzko Abendaren Ereserkia).
Desde una posición internacionalista, como la mía, no existen las patrias o fronteras, al menos tal y como mucha gente de este Estado las entiende. Un himno es y debe ser algo que represente al colectivo de los que así lo sienten, nada más. Una bandera representa lo que sienten los que por ella se ven representados, nada más.
[...]
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.
[...]
Canción del pirata, José de Espronceda
A vueltas con el pluralismo
No voy a hablar de nieve, ni de las mamarrachadas soltadas por la Botella o Nebrera, ni de la crisis, ni de la cuesta de enero, ni de los buses ateos…
Quiero hablar de la “pluralidad lingüistica”
Yo siempre he sido un firme defensor de todas las lenguas españolas, catalán, euskera, gallego, bable, montañes, leonés, aranés, andaluz, valenciano, mallorquín, etc, etc, etc…
Pero esto ya está pasando de castaño a oscuro. Los gobiernos de Cataluña/Catalunya y País Vasco/Euskadi, autoproclamados, sobre todo el primero, como defensores de la pluralidad lingüística se comportan como auténticos nazis lingüísticos…
Pluralidad es la libertad de expresarse, educarse, y relacionarse en cualesquiera de los idiomas oficiales de tu región. Pero esa libertad no existe cuando….
-A los inmigrantes sólo se les exige saber catalán para vivir en Cataluña/Catalunya.
- La Generalitat obliga a estudiar en catalán, se salta la ley de la 3ª hora en castellano y además catalaniza los nombres de los alumnos en los colegios.
-Cuando se te multa por no rotular en catalán y no se te multa por no rotular en castellano.
Y no digo que los chavales en Cataluña/Catalunya no sepan castellano, porque se que lo saben perfectamente, pero estamos llegando a un punto de odio a todo lo español, a todo lo que represente el castellano, que ya me empieza a asustar el asunto.
Y en gobiernos formados, al menos en parte, por “”socialistas” pues ya me toca la fibra sensible…El socialismo siempre ha sido lo contrario al nacionalismo, y cada día que pasa, en ciertas Federaciones, se parecen más.
Que yo entre en la web de mis compañeros de las Juventudes Socialistas de Cataluña y no pueda leer nada porque la única versión de la web está en catalán….manda pelotas compañeros…Ni tanto ni tan calvo.
Hace unos días, mi querido compañero Fran me dejo un comentario diciendo que para ser internacionalista hacía falta tener una nación. ¿Es que los catalanes, vascos, gallegos, valencianos, asturianos…. no tienen una Nación? ¿Y España qué carajo es? ¿Una patata?
¡Buenas noches y buena suerte!

